
El personaje que tratamos en este capítulo es considerado el padre de la astronomía moderna. Nació en Torún (Polonia) en el seno de una familia acomodada. A los 18 años ingresa en la Universidad de Cracovia para estudiar matemáticas y astronomía. Seis años después le mandan a Bolonia (Italia), en donde estudia Derecho Canónico. Su familia le tiene preparada la carrera eclesiástica. Bolonia es la capital de la República Emilia - Romana y tiene la Universidad más antigua del mundo. Se fundó en 1.088. En los siglo XV y XVI las pequeñas repúblicas italianas, para poder competir con la prepotencia del Sacro Imperio Romano, tenía que se mucho más abiertas, para atraerse a los estudiantes de toda Europa. Copérnico consigue su propósito de licenciarse en Derecho Canónico en tres años. Terminado el cual quiere conocer el ambiente moral e intelectual de la Roma Pontifical. Vive en Roma durante un año, enseñando matemáticas.
Vuelve a su tierra natal cuando tiene 28 años, en 1.501. Es un joven culto y maduro. Su cabeza debía ser un hervidero de ideas. Le ofrecen el puesto de canónigo en la catedral Frombork (Frauemburg). Deja la canonjía en manos de un interino y se marcha a estudiar medicina en Padova (Venecia). Como vemos es un estudiante polifacético, que, además, no ha dejado de observar los planetas durante todos estos viajes, que son su gran pasión: la Astronomía.
Venecia es el refugio de todos los intelectuales que se sienten a disgusto con Roma. Además, Venecia tiene muy buenas relaciones con el mundo otomano. Quizás en Padua llegaron a sus manos algún texto de los antiguos griegos: Aristarco de Samos, Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxágoras, Hiparcos, etc. Textos que la mayoría fueron destruidos en el incendio de la biblioteca de Alejandría, en el año 412de nuestra era por los cristianos fanáticos de San Cirilo. Quizás en Pádua, Copérnico oyera hablar de aquellos griegos que ya habían predicho que la Tierra era redonda, pero en tiempo de los griegos a nadie importaba que fuera o no redonda la Tierra. Sólo se movían por el mar Mediterráneo, caboteando de cabo a cabo sin perder la costa. Todo el mar Mediterráneo no deja de ser una mancha más bien pequeña en todo del globo terráqueo. Pero a principios del siglo XVI si que importaba la redondez de la Tierra. La redondez que Cristóbal Colón había demostrado ocho años antes. Luego el ambiente era propicio para que surgiera la idea y la pregunta llega por sí misma: ¿Sí es redonda? ¿Dónde se apoya? ¿Sí gira? ¿Quién la mueve? Solo faltaba la observación metódica del cielo. Ese fue su gran mérito. Hay quien dice que no fue un gran observador y que se quejaba de no haber podido observar a Mercurio ni siquiera una sola vez en su vida. Pero yo digo que no importa observar mucho, sino observar con método, observar con provecho.
En 1.506 retorna a Fronbork para hacerse cargo de su puesto de canónigo en la catedral. Un año después comienza a escribir "De Revolutionibus Orbium Coelestium" (Las revoluciones de las órbitas celestes) que termina 23 años después, cuando había cumplido 57 años. Lo hace circular de forma manuscrita y anónima durante 13 años. No se atreve a publicarlo. No es que fuera un adelantado a su época; todo el mundo consciente y pensante se hace esa pregunta que hemos formulado. El mundo entero necesita de esos conocimientos para navegar por los enormes mares que se han descubierto. Pero Copérnico es conocedor de la mentalidad eclesiástica, que se siente dueña incluso de las mentes, no pudiéndose pensar de otra manera de lo que ella diga. Por tanto sabe que puede ser acusado de herejía si publica su libro. Únicamente al final de sus días, cuando ya se vio en el lecho de muerte, convencido y animado por sus amigos, en especial por su joven alumno Joaquín Reticus, se decidió a publicarlo. Se dice que el primer ejemplar impreso se lo mostraron el mismo día de su fallecimiento. Yo me imagino que al ver sus ideas en letra de imprenta y previendo el revulsivo que produciría en los doctores de la Iglesia, sentiría un escalofrío y se dejó morir antes de que vinieran a buscarle.
Se cree que falleció sin enterarse que se había añadido un prefacio a su prólogo dedicado al Papa Paulo III. Este prefacio fue escrito por el impresor Andreas Oslander. En él se afirmaba que la tesis de la obra era puramente hipotética, para ser considerada únicamente por los matemáticos en sus ecuaciones y cálculos, no como algo real. No cabe duda, de que, con esta afirmación, Oslander se cubría las espaldas en caso de que también fueran a por él. Pero tampoco es duda de que, con esa afirmación, el libro no fuera tomado en serio durante 67 años.
Fue con la llegada del telescopio de Galileo en 1.610 cuando Copérnico resurgió con toda su fuerza, desplazando a la Tierra del centro del Universo y colocando al Sol en su sitio. Según el mismo Copérnico concluía su obra "¿Dónde sino podría colocarse la lámpara en mejor sitio, desde dónde puede alumbrarlo todo?"
Después vendría Kepler, para decirnos que las órbitas no son círculos, sino elipses. Y mucho después Newton, descubriendo la gravitación universal.
La Astronomía es como un gran edificio, en el que, cada generación, ha ido colocando filas de ladrillos, apoyándose en los que colocaron las generaciones anteriores. La Astronomía es apasionante, no solamente para los astrónomos, sino para todas las personas que quieran comprender el Universo en que vivimos. Por eso se la llama "la Ciencia de las Ciencias", porque son personas de todas las ramas del saber las que se interesan por conocer la Astronomía. Cuando miramos al cielo y comprendemos la mecánica celeste, la Tierra se nos queda muy pequeñita, pero es que nuestra mente se agranda, sintiéndonos capaces de abarcar con ella todo el Universo. Entonces hasta las matemáticas nos resultan agradables.
Método copernicano de cálculo de distancias relativas al Sol

Para los planetas interiores, como Venus y Mercurio, cuando el planeta está en la máxima altura sobre el horizonte o máxima elongación, calcular el ángulo que forma con el Sol. La distancia del planeta a Sol es:
d = sen a
La Tierra, el Sol y el planeta forman un triángulo rectángulo. Tomamos como hipotenusa del triángulo la distancia Tierra - Sol y como valor de la hipotenusa igual a 1. Este 1 es igual a la Unidad Astronómica (distancia media entre la Tierra y el Sol). Por tanto "d" vendrá expresado en una fracción de esa unidad.
Para los planetas exteriores es algo más complicado, pero no es difícil. Cuando el planeta está en oposición, esto es, el Sol poniéndose por el oeste y el planeta saliendo por el este, podemos decir que están en una línea (posición 1-1 del gráfico). Cuando lleguen a la cuadratura, o sea, el Sol poniéndose por el oeste y el planeta cruzando el meridiano del lugar donde estemos situados (cruzando la línea imaginaria norte-sur)(posición 2-2 del gráfico), entonces están en ángulo recto. Habremos contado los días de una posición a otra y sabremos los grados del ángulo A. Como también sabemos el periodo sideral del planeta, el tiempo que tarda en dar una vuelta a su órbita, también podemos saber el ángulo B. Si conocemos ambos ángulos podemos obtener su resta. Con ello obtenemos que la distancia Sol - planeta se averigua con la siguiente fórmula:
1
d = __________________
cos (A-B)
expresado, evidentemente, en Unidades Astronómicas (U. A.).
Con la tabla que va a continuación podemos ver lo mucho que se acercó Copérnico a las distancias medidas con posterioridad, mucho más afinadas:
|
Planeta |
Copérnico |
Kepler |
siglo XX |
|
Mercurio |
0,3763 |
0,389 |
0,387 |
|
Venus |
0,7193 |
0,724 |
0,723 |
|
Marte |
1,5198 |
1,523 |
1,524 |
|
Júpiter |
5,2192 |
5,200 |
5,202 |
|
Saturno |
9,1743 |
9,510 |
9,539 |
Para aquellos que no tengan el dato de la revolución sidérea (tiempo que tarda un planeta en dar una vuelta a su órbita) se incluye a continuación una tabla en la que se facilita a su vez el dato de revolución sinódica (tiempo que tarda un planeta en estar en oposición con la Tierra):
| Planeta | Rev. Sidérea (años) | Revolución Sinódica (días) |
| Mercurio | 0,241 | 115.9 |
| Venus | 0,615 | 583,9 |
| Tierra | 1,000 | - |
| Marte | 1,881 | 779,9 |
| Júpiter | 11,862 | 398,9 |
| Saturno | 29,458 | 378,1 |
| Urano | 84,015 | 372,2 |
| Neptuno | 164,788 | 369,3 |
| Plutón | 247,7 | 366,7 |
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