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Lira (poesía)

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Lira es un tipo de estrofa de cinco versos de la métrica española e italiana, compuesta de tres versos heptasílabos (siete sílabas) y dos endecasílabos (once sílabas) con la siguiente disposición:

a7
B11
a7
B7
B11.

Fue introducida en la literatura italiana por el poeta Bernardo Tasso, en sus Amori (1534), como ya señaló Hayward Keniston (Garcilaso, p. 334) y repitió Dámaso Alonso en su Poesía española:

"O pastori felici
che d'un piciol poder lieti e contenti,
havete i cieli amici;
e lungi da le genti
non temete di mar'ira o di venti" ("Loda de la vita pastorale", Rime, 1560)

En la lírica española fue introducida por su amigo el poeta toledano Garcilaso de la Vega en su "Oda a la flor de Gnido", que compuso cuando se hallaba en Nápoles entre 1532 y 1536. Esta forma estrófica tomará el nombre del término lira que aparece en el primer verso del poema:

"Si de mi baja lira
tanto pudiese el son que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento..."

Esta estrofa, que Garcilaso usó solamente una vez, será empleada repetidamente por Fray Luis de León para sus ode horacianas, si bien éste ensayó también distintas combinaciones breves de heptasílabos y endcasílabos que llamaba también liras; San Juan de la Cruz, que fue discípulo suyo en Salamanca, llevó esta estrofa a su perfección; después su uso será constante, aunque no es una de las estrofas más utilizadas.

Una buena lira es la siguiente:

"Claras horas del césped,
morada silenciosa de las flores
soy el amante huésped
rendido a los rumores
y a la dorada luz de los alcores.
Asciende la tristeza
ondulando en los trigos Vespertinos,
en la dulce pureza
de coros campesinos
que hacia los cielos van entre los pinos.
Brillan los azahares
en la penumbra malva del olvido,
bajo verdes altares,
adonde voy herido
de un anhelo vehemente y encendido.
Vitrales del poniente
derraman sus fantásticos reflejos
sobre el orbe doliente,
y el ser hacia lo lejos
sufre el fuego de móviles espejos.
Al descender el día,
la bruma nos conduce al monasterio
de la melancolia
a escuchar el salterio
melódico y profundo del misterio.
Arpas de sombra fluyen
del suspirar eterno del follaje,
y las almas intuyen,
como arcano mensaje,
el eco de la muerte en el cordaje.
¡Oh noche misteriosa,
encantada visión de oscura calma,
que siempre candorosa,
al pie de eterna palma,
enciendes las estrellas en mi alma!"

Recuerda: "Si te portas mal con tus papitos no me mires a mí."